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09
FEB
2021
Andrés Arauz, el candidato más votado.
Andrés Arauz, el candidato más votado.
La resiliencia de los movimientos populares en América latina nunca termina de traducirse en éxitos prolongados. El indigenismo como problema.

Entre trampas, obstáculos y emboscadas, la endeble recuperación progresista que se viene registrando en América latina luego del ramalazo neoliberal que acabó con los gobiernos llamados populistas mediando la década pasada, sigue registrando algunos puntos que denotan un alza. El más importante fue la reconquista hace unos meses, por la vía del sufragio, del gobierno en Bolivia, conculcado por un golpe cívico-militar en noviembre de 2019. La victoria electoral obtenida por el Movimiento al Socialismo (MAS) llevó a la presidencia a Luis Arce, y a David Choquehuanca como su vice, consintiendo además el retorno a su país de Evo Morales, el indiscutible primer referente del movimiento, luego de su exilio en México y en Argentina. Es una historia canónica, que podría servir de argumento a un filme de Hollywood sobre el crimen, la ley y la justa retribución. Pero no se puede dejar de sentir un escalofrío al pensar la facilidad con que se destituyó a un presidente legítimo, dejándolo indefenso en el Palacio de Gobierno, del que debió huir para, después de correr graves riesgos, abordar un avión que lo llevó lejos de su tierra. E incluso padeciendo, en ese periplo, interferencias diplomáticas que le negaron el reabastecimiento y lo obligaron a una azarosa cabalgata entre Perú y Asunción, desde donde, gracias a los buenos oficios del presidente argentino y a la excelente disposición de su homólogo paraguayo, pudo finalmente volar hasta el D.F.

Que aún hoy un presidente popular y legitimado por el voto corra el peligro de ser asesinado en su propio despacho, al que deliberadamente ha desamparado la guardia, trae a la memoria episodios latinoamericanos de épocas que se creían superadas. Pero se trata esta de una disquisición ociosa: el mundo de hoy está recorrido por una violencia creciente, a la que solo el ruido mediático y el conformismo de una masa inconsciente impide fijar en su real dimensión, que no es otra que la crisis frenética del capitalismo senil. Podríamos traer a colación ejemplos provenientes de todos los ángulos del espectro político, económico y militar, que nos hablan a las claras de un grave aumento de las tensiones dentro y entre las potencias debido, fundamentalmente, al confesado propósito de Estados Unidos en el sentido de no ceder en su proyecto de sostener lo que su gobierno llama el “legítimo orden existente”, contra las potencias “revisionistas” que tratan de minarlo. Nadie intenta minar nada, en realidad; simplemente hay países a los que el “diktat” norteamericano y los vectores económicos con que intenta imponerlo no convienen y por lo tanto se resisten a él. Por otra parte, el supuesto ordenamiento global es una entelequia: es el imperialismo, en su busca de una globalización asimétrica, el que provoca las guerras, las migraciones masivas, el hambre y la corrupción que son el pan nuestro de cada día, entramadas en una red de espionaje virtual y bloqueos, embargos y asesinatos “selectivos”, determinados principalmente por la primera potencia global, contra los que no existe defensa alguna.

De modo que el regocijo por la recuperación democrática en Bolivia, por la expulsión de la mafia macrista en Argentina y por el triunfo en primera vuelta del candidato del correísmo en Ecuador debe ser atemperado por la prudencia. Cabe sí, un moderado contento, pues estos pasos, estas pequeñas-grandes victorias, testimonian de una determinación por ver claro en la coyuntura, que es y será siempre el instrumento esencial para mantener en alto la voluntad de lucha y para ir configurando lo que algún día será la reconexión con nuestra verdadera historia, que nunca es la que nos ofrecen los grandes medios de comunicación y la historia oficial, cuyos lugares comunes siguen circulando a pesar de haber sido demolidos una y otra vez por las argumentaciones del revisionismo y del pensamiento crítico encarnado en el marxismo. Tras estas iluminaciones, las simplificaciones del sistema oficial vuelven a sepultar a los argumentos de la verdadera historia bajo toneladas de vaciedades redichas, imbuidas de la hipnótica sugestión que posee la repetición ad infinitum de las mismas mentiras, agigantada por el control de los medios de comunicación y de la Academia.

¿Cómo, si no, se puede entender que el gobierno de Alberto Fernández tenga que esforzarse todavía por hacer entrar en razón al bloque dominante de la sociedad argentina (el cuarteto agroexportador conformado por los pooles de la siembra, los bancos, la Bolsa y la Sociedad Rural) y que el “campo” encarnado en estos señorones se niegue a pagar impuestos y se apreste al lockout? En algún momento (más pronto que tarde) a estos tipos habrá que ponerlos en vereda. El país no tiene futuro si no lo hace.

Ecuador

El otro punto importante aportado estos días a la oxigenación de la causa nacional-popular en América latina es el triunfo (provisorio, pues todavía está sujeto a balotaje) del candidato del correísmo en Ecuador, Andrés Arauz. Tras el sórdido desempeño del traidor Lenin Moreno –cooptado por Rafael Correa para reemplazarlo y, no bien ascendido al poder, destructor de lo construido por su mentor y perseguidor obstinado de su persona hasta obligarlo a exiliarse- , el desastre que dejó hizo que el grueso de la población ecuatoriana se pronunciase en contra de las prácticas neoliberales que llevó adelante durante su gobierno. Ahora bien, la realidad no siempre es simple; a veces tiene muchos dobleces. Si bien aparentemente el 80 por ciento de la población ecuatoriana votó en contra de las recetas económicas neoliberales, el movimiento indigenista Pachakutik que emerge como una fuerza política equiparable a la encabezada por el banquero Guillermo Lasso, es una incógnita que tiene sus bemoles. La diferencia que los separa en la lucha por obtener la nominación para participar en la segunda vuelta es mínima: según el Colegio Nacional Electoral, a horas de cerrados los comicios, el jefe indigenista Yaku Pérez tenía el 19,91 por ciento de los votos y Lasso alcanzaba el 19,58. Frente a ellos Arauz alcanzaba el 32,15 %. Muchos, pero insuficientes para ganar en primera vuelta.

Si Lasso gana la candidatura al balotaje, sería de suponer que la victoria de Arauz estaría asegurada, pues difícilmente, aunque mediase una orden, las bases de Pachakutik se acomodarían en su totalidad a votar al economista neoliberal. Si en cambio es Pérez quien se convierte en candidato la situación sería más problemática, pues es probable en este caso que la derecha votase en masa por el candidato indigenista.

¿A qué se debe este intríngulis, este nuevo acople de "la Biblia con el calefón? El carácter ambiguo y generalmente negativo de los movimientos indigenistas en América latina tal como se vienen perfilando (o se los viene perfilando, más bien) no suele ser tomado en cuenta por la opinión progresista, que se complace con el halo romántico, ecológico y pintoresco de esos movimientos, que desde luego arrastran una miseria de siglos, pero que también resultan útiles a las fuerzas foráneas interesadas en buscar factores prácticos a los fines de romper la unidad nacional y sabotear los intentos del estado central, cuando desde este se busca sacar a los respectivos países del subdesarrollo. “Página 12”, el órgano progresista por excelencia de la Argentina, dice en su edición del 8 de febrero, “que los 14 pueblos autóctonos del Ecuador representan solo al 7,4 por ciento de la población de acuerdo al censo de 2010. Y citando a diversas autoridades señala que, “Sin embargo, el movimiento indígena es el más organizado entre los movimientos sociales…”.Más adelante los expertos citados ponen de relieve “que el Movimiento de Unidad Pachakutik eligió como candidato presidencial a Yaku Pérez, que representó el desarrollo acelerado de un ecologismo quizá algo liberal, muy conectado con ONGs del primer mundo”.[i]

Esto habla por sí solo, aunque el diario no termina de sacar las conclusiones que corresponden. De hecho, Pachakutik se encuentra dividido entre un sector proclive a la pluralidad nacional que entiende que con un gobernante populista puede manejarse mejor que con sus eternos verdugos de clase alta, y otro, llamado”pragmático”, que cree, o finge creer, que su postura “concuerda con la visión de la recuperación de los recursos naturales”. Es decir, con la apropiación de los minerales y el petróleo que yacen en el subsuelo de la tierra que pisan, desentendiéndose del interés superior de la República. Su deseo es negociar con el imperialismo directamente, sin autoridades centrales que molesten. O, en todo caso, con autoridades centrales con las cuales puedan repartirse el dinero de las “comisiones” y los derrames de las ganancias de las compañías extractoras. ¡Vean ustedes! ¡Acabamos de descubrir, ingenuos de nosotros, cuál era el verdadero sentido de la “teoría del derrame”!

Yaku Pérez dijo en una ocasión que prefería tener como presidente a un banquero que a un autoritario. Dios preserve a Ecuador de su candidatura. 

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[i] Elecciones en Ecuador: el movimiento indígena, un actor clave”, por Guido Vassallo, Pagina 12 del 8 de febrero.

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