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27
SEP
2018
Macri premiado en Nueva York.
Macri premiado en Nueva York.
La concesión de un nuevo préstamo del FMI tras las gestiones del presidente Macri en Nueva York, lejos de representar un alivio para el país, equivale a la promesa de una crisis infinita.

¿Qué nos ha pasado? Por acostumbrados que estemos a los vaivenes de la política nacional el espectáculo brindado por el gobierno a lo largo de las últimas semanas reviste contornos tan grotescos que hasta las sensibilidades saturadas por la inepcia de la clase política, por la corrupción de una parte demasiado importante del poder judicial y por la falta de una respuesta orgánica a la atropellada de la reacción, tienden a vibrar de repulsa. Se tiene la sensación de que no se puede retroceder más, que la nave ha terminado su recorrido y que la Argentina, como algún barco de la Armada que se hundió en el muelle, está lista para naufragar arrastrada por su propio peso.

Tras caer en la autoemboscada de la eliminación de las retenciones al campo y la minería, y asistir a la devaluación y al saqueo inclemente que el gabinete de Ceos impuso a los usuarios de los servicios en provecho de las transnacionales de la energía; tras recurrir a la contracción de una deuda vertiginosa que nos condena a vivir de prestado por un siglo, arreglando nuestro futuro con vistas al servicio, una vez más, de la deuda infinita, amputándonos de cualquier posibilidad de desarrollo propio; tras la abolición de la verdad con la catarata de “fake news” y la manipulación de escándalos reales o inventados referidos al anterior gobierno, mientras no se dice nada de la corrupción de esta élite “dirigente” que deposita en paraísos fiscales, vive de cara al exterior y en contubernio con el imperialismo; después de abrir las importaciones, destruir el empleo, secar el mercado interno, torpedear el desarrollo educativo, científico y tecnológico, y forzar un crecimiento exponencial de la pobreza, después de todo esto tenemos al presidente bailando en Nueva York e inclinándose  ante los banqueros para conseguir más dólares frescos que reconfirmen nuestro hundimiento. Mientras tanto, en la Asamblea General de la ONU, el presidente Mauricio Macri no pierde la ocasión para sumarse al coro de países latinoamericanos “reformados” por la contraofensiva imperial, que despotrican contra Venezuela y contribuyen a preparar el derrocamiento de su gobierno legítimamente elegido, pero que tiene el mal gusto de diseñar su política de acuerdo a sus intereses nacionales. Esos intereses nacionales que el presidente Trump de Estados Unidos señala que son fundamentales para su país, olvidando añadir que son fundamentales no solo en su propio país, sino que también existen en las restantes naciones del mundo, que no entienden que deban renunciar a los suyos para servir exclusivamente a los norteamericanos…

El espíritu de un período histórico suele tener las imágenes que se merece. El espectáculo de Macri bailando en el escenario de la gala del Atlantic Council en ocasión del premio que le fue conferido como “Ciudadano Global 2018”, sus carantoñas a la jefa del FMI, Christine Lagarde, y el tenor general de sus dichos (en inglés) dan una sensación deprimente, por no decir otra cosa. Hubo un presidente argentino dado a las representaciones de gala y a la sociabilidad con los grandes del mundo, Marcelo T. de Alvear. Pero iba acompañada de la seguridad de un gran señor, propia de un aristócrata de raza y exponente de un país que estaba entre los económicamente mejor posicionados del mundo, en razón de un modelo agroexportador que estaba a punto de entrar en una irreversible crisis, pero que en ese momento conservaba cierto esplendor. El esnobismo de los “Newman boys” es muy distinto y da pena; es propio de advenedizos deslumbrados por las baratijas de la ceremonia del Oscar.

La restauración de la crisis de la deuda obtenida por los exclusivos servicios del gobierno de Cambiemos, viene a anular el logro de Néstor Kirchner al cancelarla en su parte más sustantiva. Esa deuda había sido contraída por los gobiernos del proceso, del menemismo y del delarruísmo, y tuvo como factor común la rúbrica de Domingo Felipe Cavallo. Tras su cancelación, el país retomó un desarrollo que no vamos a denominar como esplendoroso, pero que sí contribuyó a reposicionarlo sobre sus carriles y a abrir expectativas en el sentido de que se lo podía hacer avanzar hacia metas provistas de sentido y abiertas hacia la integración regional, único remedio a largo plazo que nos permitirá resistir los estragos de la globalización asimétrica o del imperialismo clásico redivivo en la política de Trump y su intención de controlar, con mano firme, la parte sur del hemisferio.

Recuperar la memoria histórica

Una de las razones de la crisis permanente de la Argentina es el fallo de su memoria histórica. Es inconcebible que se repitan ciclos como los que devuelven al primer plano del poder, una y otra vez, a la misma casta de explotadores que concentran la propiedad de la riqueza en unas pocas manos mientras que el resto debe arreglárselas con lo que puede. Y que esta vez eso haya sucedido a través de una mayoría, aunque sea ínfima, del voto popular. Ahora bien, recuperar esa memoria no es solo cuestión de docencia sino de sentir la urgencia de la comprensión de lo que nos sucede a través del ejercicio del poder popular sobre las llaves de la economía y por medio de la presencia en la calle. Es por esto que la movilización del 24 del corriente y el paro contundente del martes 25 cobran pleno valor. Permiten recuperar la noción de que la política no es solo cosa de profesionales que se mueven en la sombra o por los pasillos del Congreso antes de concurrir al anfiteatro del parlamento, sino un campo donde la presencia popular cuenta. Evaluando políticamente los hechos, se repara en que hasta el mastodonte cegetista conducido por los triunviros da señales de vida después de la huelga. “Si no hay plan B de parte del gobierno (y es evidente que no lo va a haber), acá decimos que no habrá tregua”, afirmó Juan Carlos Schmid, el referente de Hugo Moyano en la conducción de la CGT. Lo dicho por Schmid está indicando que los organismos sindicales empiezan a oler su propia sangre, pues todos saben que el arreglo con el FMI viene acompañado de cláusulas leoninas que condenarán sin apelación a la masa trabajadora y a sus organizaciones gremiales.

Pero el proceso que se agazapa tras las ayudas del FMI no se detiene en los ajustes ni en el dictado de una política económica dirigida a la producción primaria y a la minimización del mercado interno; también apunta a la supresión del estado como ente responsable del conjunto de los bienes soberanos y de la integridad territorial de la nación. El préstamo de 57.000 millones de dólares no está concebido para incorporar capitales que permitan un mayor desarrollo que consienta a su vez el repago de la deuda, sino que estará destinado exclusivamente al servicio de los intereses que esta engendra. En la artificiosa, y repetida ad infinitum, argumentación de los gobiernos neoliberales, esa situación consentirá que desde el exterior fluyan los capitales privados que acudirán –ellos sí- a desarrollar el mercado argentino. Pero, como ha sucedido siempre, esos capitales no van a venir a fomentar el crecimiento interno a través de la potenciación de la industria y de la infraestructura de servicios, sino a acoplarse a la timba financiera, listos a poner los pies en polvorosa a la primera manifestación de crisis.

El grueso del nuevo préstamo del FMI será desembolsado en documentos virtuales que serán ejecutables dentro del ejercicio del actual gobierno. Sólo quedarán 6.000 millones para ser aplicados a los que vengan después de las elecciones del 2019. Es decir, que el próximo gobierno se encontrará casi seguramente abocado a un default a la vuelta de unos pocos meses. ¿Cómo se pagará entonces la deuda, en medio de un escenario que todo indica estará socialmente convulsionado? ¿Será aventurado considerar que la salida más probable sea la enajenación de  territorio y la venta de las nuevas y más grandes joyas de la corona: Vaca Muerta y otros reservorios energéticos o acuíferos?

Quien esto escribe es lego en economía, pero ha vivido bastante para saber algo de historia. Los exegetas locales del neoliberalismo al estilo de los columnistas de La Nación se hacen lenguas de la modernidad de sus opiniones y tachan a los que piensan como nosotros de reaccionarios que viven apegados a las ilusiones del socialismo o el comunismo de principios del siglo XX; pero no parecen reflexionar que sus puntos de vista, desde una óptica social, retrasan más de dos siglos y pertenecen a los albores de la primera revolución industrial. El “laissez faire” fue enterrado por las dos guerras mundiales, y su resurrección, a manos de los profetas de la globalización cibernética, nos está atrayendo peligrosamente a una tercera, a través de la presión desatada contra todo lo que parezca oponérsele. En nuestro país estamos en vías de presenciar otro ensayo en gran escala de las políticas de disciplinamiento burocrático y judicial, respaldadas por un garrote que ya no se esconde y que se imagina como un correctivo contra todos quienes se opongan al curso “liberal” y “económicamente progresivo” de las cosas, teniendo como meta el dominio incontestado de Estados Unidos sobre un subcontinente suramericano desprovisto de conducción propia.

Cuidado. Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe. La violación y el saqueo de la integridad del territorio decuplicaría el impacto de las políticas regresivas que están en curso. De aquí a entonces, ¿cómo reaccionará el pueblo directamente afectado por las políticas de ajuste? Ante la amenaza de la enajenación o hasta, eventualmente, la desarticulación territorial, ¿no volverá a erigirse la incógnita militar, que ha estado presente en toda la historia argentina como la máscara de Jano?

 

 

 

 

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