nota completa

02
NOV
2015
Cristina con militantes en la Rosada.
Cristina con militantes en la Rosada.
Las disensiones dentro del Frente para la Victoria se han erigido en el primer problema para la continuidad del modelo. Y lo que se juega en las próximas elecciones no consiente que se siga con la frivolidad de los juegos de masacre.

La elección del 22 de octubre ha dejado al oficialismo malherido. Y no sólo al oficialismo sino también a los sectores que, sin adherir a este, lo acompañan con sus mejores deseos, en la esperanza de que a los logros que cabe reconocerle –renacionalización de Aerolíneas e YPF, recuperación para el estado de los fondos del ANSES, relanzamiento de la actividad tecnológica de punta, un mayor nivel de empleo, una buena política exterior; derechos humanos, recomposiciones salariales periódicas y políticas de asistencia social- se sumen las medidas de fondo que son necesarias para salir de la crisis endémica que padecemos a causa del servicio de la deuda “eterna”. A saber, reforma fiscal progresiva, impuesto a la renta financiera, estatización del comercio exterior, políticas activas en materia de infraestructura de comunicaciones e industrialización en gran escala, abandonando gradualmente el modelo del armado de partes importadas para llegar a la elaboración de una producción integrada.

Por supuesto que estas asignaturas pendientes son mucho más difíciles de rendir hoy que en otros momentos de la gestión del kirchnerismo, cuando no era fácil aprobarlas pero había viento de cola; y es probable que el no haber aprovechado esos instantes, como por ejemplo tras el masivo apoyo logrado en 2011, quede como un reproche respecto a lo actuado en estos doce años de gobierno. No se pueden ignorar los obstáculos que siempre han estado frente a la realización de unas políticas de este género, pero esos obstáculos deberían en todo caso haber sido esclarecidos con precisión ante la opinión pública para señalar los límites de lo factible, en vez de argumentar en torno a los logros de “la década ganada” como si ellos hubieran llenado todo el espectro de lo posible. Hoy la crisis global, la caída en el precio de las commodities y el copamiento del área económica del gobierno brasileño por los sectores neoliberales en el marco del acorralamiento de Dilma Rousseff contra las cuerdas de un probable impeachment, plantean un escenario aún más difícil. Lidiar con él exigirá de un gobierno popular una ductilidad y al mismo tiempo una firmeza que requerirán de unidad de fuerzas y solidez de propósitos.

Hasta la semana pasada no se ha visto mucho de esto en el FpV, aunque empiezan a advertirse síntomas de enmienda. La torpeza política desplegada por el ultra kirchenerismo en el trámite de la campaña electoral ha sido ostensible. El candidato del FpV, Daniel Scioli, no es una figura que convoque una adhesión resonante; no es un líder carismático y su trayectoria a veces sinuosa no suscita un fervor colectivo. Pero era la mejor opción a mano para unificar fuerzas en el seno del peronismo y darle una chance segura frente a un conglomerado de una oposición unificada tan sólo por su voluntad por desalojarlo del gobierno. Dentro del batiburrillo opositor la división no excluye el hecho de que el factor aglutinante del mismo no es otro que el establishment: el conglomerado empresarial, mediático y financiero, que tiene en Mauricio Macri al vector de sus intereses.

Juego de masacre

Pese a la evidente amenaza que representa ese frente respecto de lo logrado en estos años, el oficialismo no encontró mejor recurso que desplegar un juego de masacre contra el candidato Scioli para condicionarlo, relegándolo o humillándolo en cuanta ocasión se presentó; para luego, cuando se hizo evidente que el candidato favorito de Cristina no sería capaz de atraer a los sectores del peronismo tradicional, rescatarlo in extremis poniéndolo al frente de la fórmula del FpV. No sin adosarle primero un vicepresidente cortado a la medida del kirchnerismo duro. La posterior persistencia en poner a Aníbal Fernández como candidato a la gobernación de Buenos Aires cuando era evidente que no gozaba del visto bueno de gran parte de los intendentes del conurbano y que había visto erosionada su figura por la infame y canallesca campaña de desprestigio lanzada por Jorge Lanata y “Clarín”, terminó de cerrar el círculo y regalarle el principal distrito electoral del país a María Eugenia Vidal, la candidata de PRO.

Uno diría que ante la inminencia del balotaje esta clase de jugadas y zancadillas deberían ser canceladas. Pero no parece ser del todo así, a estar por lo sucedido en la pasada semana. Se dice que sólo la reacción de parte de las agrupaciones juveniles kirchneristas que no se identifican con la Cámpora, impidió que el acto del pasado viernes en la Casa Rosada no se convirtiera en un desagravio a Aníbal Fernández, que venía de prodigar abundantes aunque vagas referencias al “fuego amigo” para explicar su derrota. Según “La Política on line” –fuente malintencionada respecto al gobierno, pero por lo general bien informada- fue la actitud del Movimiento Evita y de otras organizaciones kirchneristas que no se identifican con la Cámpora y le reprochan su faltazo al cierre de campaña de Scioli, así como su ausencia del búnker del gobernador de Buenos Aires el día de las elecciones, el factor que a última hora determinó que la Presidenta abriera el espectro y centrase su discurso en la necesidad de respaldar la fórmula del FpV en los próximos comicios. Cristina se guardó, sin embargo, de mencionar a Scioli en su exposición. ¿Fue una forma de evitar algún posible abucheo o una manera de marcar su distancia personal respecto del candidato? Quién sabe.

Gente grande…

Pero tal vez lo menos perdonable de las renuencias, reticencias y desdenes hacia el único personaje que tienen a mano para salvar lo salvable, son las actitudes de algunos de los intelectuales de Carta Abierta. Son gente grande y que se supone habituada a la reflexión. Si el adelantamiento de su futuro gabinete por Daniel Scioli por televisión fue un error, peor  resulta ser el pedido (¿la intimación?) de Carta Abierta para que revise esas designaciones. Horacio González, quien parece haberse constituido en la conciencia crítica de esta agrupación de intelectuales, sumó, a su manifestación acerca de que había debido “votar desgarrado y con la cara larga” a Scioli, una apreciación muy negativa sobre los gustos musicales de este último. Scioli habría manifestado su preferencia por Ricardo Montaner y los Pimpinela, y González hizo saber que esas no son las referencias artísticas que debería tener un presidente. Es comprensible la antipatía del director de la Biblioteca Nacional hacia la vulgaridad cultural que estos intérpretes expresarían, pero, como argumento político, la verdad es que hace agua. Con ese criterio no hay duda de que Hitler ganaría por varios puntos a otros líderes políticos: era un fanático admirador de Wagner y –dícese- un devoto lector de Nietzsche.

Ironías a un lado, estamos ante un problema muy serio. Más que serio, grave, gravísimo. Las elecciones del 22 de noviembre ponen sobre el tapete un dilema drástico: la conservación del rumbo moderadamente nacional y popular inaugurado en el 2003 o la reversión brutal de esa política para reorientarla en un sentido drásticamente opuesto. Resta poco tiempo para cambiar la imagen ganadora que consiguió instalar la oposición en la primera vuelta, y los pases de cuenta entre los miembros del FpV no ayudan a conseguirlo. El único debate que está previsto entre los dos candidatos a la presidencia de la nación puede constituirse en una instancia decisoria en este aspecto. Los sólidos argumentos que podrá esgrimir Daniel Scioli evocando el fantasma de los noventa, que se corporizan en la personalidad de Mauricio Macri, van a intentar ser diluidos por este con un discurso que seguramente hará hincapié en el relegamiento, real o presunto, de Scioli por su jefa; y en su desvalorización de parte del kirchnerismo ortodoxo. Esto forzará al candidato del peronismo a rechazar ese tipo de argumentación, sosteniendo en cambio su devoción por la figura presidencial que con tan escasa cortesía lo ha tratado, y a renunciar a marcar sus posibles diferencias con la gestión de esta. Con lo que puede no resultar convincente y quedar mal parado y, al mismo tiempo, espantar a muchos de los votantes que desearían ver en él a alguien que se diferencie de Cristina sin negarla. Su adversario, sin embargo, no es precisamente Demóstenes y esto puede dar a Scioli una ventaja que debería saber aprovechar. A falta de la brillantez de Cristina como oradora y polemista, cuenta con argumentos sólidos para hacerse valer, si consigue llevar a su rival al plano de la discusión de los programas.

El otro tema que está en juego en esta elección es la responsabilidad regional que nos compete. Como señala Atilio Borón, “hay que evitar que la Argentina sea la punta de lanza de un proceso que podría ser el inicio del “fin de ciclo” en la región… Una victoria de Macri sería un golpe mortal para la UNASUR, la CELAC y el mismo Mercosur”.[i] Esta es una puntualización oportuna y que dota aun de mayor peso a la instancia electoral que nos aguarda; si Cambiemos triunfa, será la primera vez desde que comenzó la oleada popular que desplazó al neoliberalismo en América latina, que una fuerza de derecha llega al gobierno a través de elecciones regulares y democráticas.

El peronismo sigue siendo la fuerza popular más consistente que hay en el país, pero su historial abunda en fracasos que no responden sólo a la conspiración de las fuerzas que lo enfrentan, sino a sus propios errores, claudicaciones y propensión a desgarrarse internamente. En parte esto responde a la conformación pluriclasista que siempre ha investido, pero fundamentalmente a la incapacidad para explicársela y a asumirla sin complejos. Es difícil, si no imposible, que el peronismo vaya a cumplir esta tarea en los pocos días que faltan para la definición electoral. Por consiguiente no hay otro camino que seguir apoyándolo y buscar, cualquiera sea el resultado de las elecciones, un terreno de discusión que nos permita superar la dicotomía entre derecha e izquierda dentro del movimiento nacional y elaborar, en el curso de los próximos meses y años –que serán difíciles, cualquiera sea el resultado de la elección- una síntesis política que nos dé la posibilidad de que exista en Argentina una fuerza capaz de subsistir frente al imperialismo y de sobrenadar en la tormenta perfecta hacia la que nos dirige la crisis mundial.

No hay otra opción que votar por la fórmula Scioli-Zannini. Cerremos filas en torno al FpV. Aunque las trazas de la campaña, contagiadas por la liviandad de la propaganda mediática y quizá por la apariencia de los candidatos, hayan parecido hasta aquí anodinas, hay diferencias de fondo entre los programas que están en juego. No se debe volver atrás, no hay que retroceder al país de los 90.

---------------------------------------------------------------------------------------------

[i] Atilio Borón, “Argentina: un balotaje crucial para América latina”. 

Nota leída 2484 veces

comentarios